miércoles, 14 de julio de 2010

Verano en Valencia


Ya han vuelto el verano y su ardiente canícula. Vuelven los estudiantes de vacaciones, el sudor impenitente, las cigarras en la casa del pueblo a la hora de la siesta. El olor a cloro y los gentíos insufribles de las piscinas públicas, los niños meándose y la arena por todas partes después de un día de playa. Las insolaciones que te tienen jodido varios días. Las juergas salvajes que acaban con vómitos en el cauce del río y la cabeza dentro de una fuente. Vuelven los bañadores, los pantalones cortos y los tirantes.
Es verano y la gente se despechuga, y cómo no, yo también. Después de lo que parece una eternidad encerrada en casa estudiando, notar el sol sobre mi piel es la gloria. Vuelvo a descubrir que tengo un cuerpo bajo la ropa, y me alegro. Esto va por todos aquellos que no quieren que lo haga.

Que viva cada centímetro de mi cuerpo. Que vivan mis cartucheras, las estrías que me cruzan el pecho y los muslos, y los tres rollos de mi barriga. Que vivan mis pechos caídos, mi pelo-estropajo, mis sobacos peludos y el caballete de mi nariz. Que vivan mi papada, mi cicatriz de la apendicitis y la celulitis de mis piernas. Viva yo, coño, por una vez en mi vida. Estoy buenísima y no podéis convencerme de lo contrario. No haréis dinero de mi miedo. Soy la hostia. Amo mi cuerpo y me gusto tal y como soy.

Todo vuestro dinero no puede comprar eso. Jodeos.

domingo, 4 de julio de 2010

Et le printemps va vindre

Un rumor de cascos atravesaba la humedad helada de la madrugada. En la ciudad aún adormecida, el ruido de las uñas del caballo rompiendo el barro congelado, y su respiración acelerada podían oírse casi desde todas partes dentro de la muralla. Los artesanos que despertaban con el alba para cumplir con sus obligaciones sabían que sólo alguien muy importante podía haber conseguido que se le abrieran las puertas del oeste a esa hora del día. Debía de ser un embajador, o un mensajero de otro ducado.

Cuando el caballo pasó al galope por su calle, Gwenna se asomó por detrás de la grupa de la vaca y entrevió al desconocido montado que pasó como una exhalación bajo la luz de la vela con que iluminaba el establo. Debía de ser el mensajero. La comitiva llegaría con la mañana. Gwenna esbozó una sonrisa de satisfacción y volvió a ordeñar a la vaca. Había llegado el día.


Estoy embarazada otra vez, y esta vez será un parto múltiple. Siento fastidiarle la frase a Barney Stinson, pero esto va a ser... épico.

sábado, 19 de junio de 2010

Quark


Imagina una bomba tan pequeña que cupiera en una baya, y tan mortífera que pudiera volar entero un país. Y aún quedaran fragmentos de pulpa y gotitas de zumo rojo en el lugar donde estalló el mundo, como un tiro en el pecho de la tierra. El humo granate y el olor a mermelada recorrerían el orbe, recordándonos los siguiente: toda nuestra vida y nuestra muerte están contenidas en un pequeño bocado.

Ojalá fuera así mi vida. Ojalá nuestras pasiones fueran así, y estos paupérrimos desesperos humanos restaran aunque fuera como breve y hermoso rastro vegetal una vez el mundo haya estallado. En una sola gota de saliva, en un huesecillo del oído, en un mínimo cabello duerme el secreto último del principio y el fin.

lunes, 7 de junio de 2010

2008-2009

El beato cree en Dios por miedo;
el cínico tiene miedo de creer en Dios.

martes, 1 de junio de 2010

Piscis!


¡Mirad! ¡Dos pececitos! ¡Pececitos de limón!

Venid aquí, niños, voy a contaros una historia. Érase una vez un largo largo río llamado Nilo. Este río pasaba por la mitad de un gran desierto, y cada año, coincidiendo con el orto helíaco (nada de risitas) de la estrella Sotis, se desbordaba y dejaba los campos listos para el cultivo. Por estas condiciones tan favorables, alrededor del Nilo crecieron pequeñas aldeas que se convirtieron en ciudades-estado llamadas nomos. Y con el paso del tiempo, estos nomos se unieron en las confederaciones del Delta y el Valle. Y un día, tras muchas guerras, estas confederaciones se unieron y formaron un gran y poderoso imperio llamado Egipto.

Y EGIPTO SE DEDICÓ A TENER TROPEMIL MILLONES DE REYES DE NOMBRE IMPRONUNCIABLE PA' JODER LA MARRANA.

Adivinado lo habéis. Exámenes. Apuntes. Callo. Wadi Hammamat.

Matadme -.-

domingo, 23 de mayo de 2010

¡Cállate!


Tú.

Tú que crees saberlo todo sobre todos y no tienes ni puta idea. No puedes decirme lo que tengo que hacer.

Tú, que juras hablar con los dioses y no les conoces ni por asomo. Dudo que los dioses se molestaran en hablar con alguien tan arrogante como tú.

Tú, que te has pasado siglos acusándome de ser la serpiente del mal y que ahora juras que me crees incapaz de hacerme un dedo.

Tú que negaste a los matrimonios el derecho a disfrutar de su cama, hasta expulsar al hombre del lecho y arrojarlo a los burdeles mientras la mujer se arrodillaba sobre garbanzos en el confesionario.

Tú, que te callas como un cabrón pero sigues pensando que mi lugar está en la cocina.

Tú que acusas a personas enamoradas de perversas y asquerosas mientras abusas de niños inocentes.

Tú que preconizas el amor por encima de todas las cosas y luego te das el lujo de mandarnos cómo hay que amar y a quién. Tú no sabes nada del amor.

¡Tú! ¡Víbora!

No puedes decirnos quiénes somos ni qué debemos pensar. Mírate debajo de la sotana; tal vez encuentres al Diablo enroscado.

domingo, 16 de mayo de 2010

Hace casi dos años

No sé quién eras. Ha pasado mucho tiempo y sigo sin saberlo. Hay muchas preguntas que me hago. La primera de todas es cómo soporté seis meses de maltrato psicológico, de "tú no tienes ni puta y idea" y de "cuando te deje me follaré a esa", cuando ni siquiera el sexo era bueno, cuando ni siquiera te amaba.

¿Por qué?

¿Quién puñetas eres?

Durante un tiempo creí que eras un monstruo, uno de esos antihéroes sin compasión ni moral que andaban por ahí poniéndose el mundo por montera y viviendo intensamente sin pensar en los demás. Ahora ya no os tengo miedo, porque sé que esas personas no existen. Pero entonces lo creí, y también creí que yo no tenía nada que hacer contra ti, pobre de mí.

Ahora sé que estabas bien jodido y que me estabas obligando a mí a pagar con mi humillación y con mis lágrimas un daño que otra persona te hizo y que fuiste demasiado débil para superar. Ahora sé que otras personas que me putearon en el pasado eran como tú. Ahora ya puedo reírme de vuestro cinismo y de vuestra crueldad, porque no son más que una rabieta de adultos. Y una vez se ve todo lo que hay detrás, pierde el glamour.

Sin embargo, sigo sin saber quién coño eras. ¿Cómo habría de creerte una sola palabra, cuando no parabas de mentir? ¿Cómo habría de saberlo si estabas todo el día metido en el traje de un personaje mezquino y bien vestido que te habías inventado para que nadie te viera? ¿Cómo puedes dormir por las noches?

Ah, cuántas preguntas.

¿De qué demonios tenías miedo y por qué estabas tan furioso? ¿Por qué yo? ¿Sigues jurando que jamás lloras después de haberte visto con los mocos colgando y agarrado a mis rodillas, pidiéndome que no te dejara? ¿Qué vas a hacer cuando tengas cuarenta años y tu padre haya muerto y tus amigos se hayan aburrido de ti y no tengas a otra "guarri" (sé que nos llamabas así) a la que follarte y estés solo, solo, solo?

Nunca lo sabré.

¿Qué coño te pasa? ¿Piensas dejar algún día toda esa mierda atrás o dejarás que te mate? ¿Por qué tuviste que vengarte conmigo? ¿Por qué, por qué, por qué te soporté durante seis meses, por qué lloré cuando te marchaste si no me diste nada y yo lo sabía?

...

¿Por qué, si eras tan listo y tan culto, cuando tenía ganas de hablar siempre le llamaba a él, a él a quien todos creéis un pobre tonto?







Esa es la única respuesta que me sé.


Saben los dioses cuánto necesitaba decirlo.

lunes, 3 de mayo de 2010

Multitud


Éramos demasiados. Éramos demasiados y había demasiado poco espacio, demasiada poca paciencia, demasiado ego. Éramos una manada, éramos un millón de millones, cada uno a lo suyo. Éramos una masa de células egoístas creciendo sin control: un cáncer.

Ya no queríamos ser como "ellos". Aunque no sabíamos quiénes eran ellos. Simplemente no queríamos serlo. Llegamos a pensar que éramos especiales, diferentes y únicos. Que nadie nos entendería jamás, y por ello quien no fuera capaz de comprender nuestra radical singularidad no merecía existir junto a nosotros. Cadáveres hinchados de ego, pudriéndonos en nuestros propios miasmas sin darnos cuenta. Iris Murdoch dijo que a cada uno le gusta el olor de su propia mierda. Pues bien, tenía razón, pero ¿qué importaba esa vieja muerta de Alzheimer? ¿Qué coño sabía ella? No tenía nada que enseñarnos porque no sabía quiénes éramos. Y los demás, oh, los demás sí se iban a enterar de quiénes éramos. Ya iban a ver.

Qué especiales éramos, y qué diferentes, y qué listos. Nadie se había vestido como nosotros, nadie se divertía con lo que nos divertíamos nosotros, a nadie se le habían ocurrido las brillantes ideas nuestras. Pandilla de mocosos o adultos pretendiendo serlo, ególatras, arrogantes, enfermos de anorexia, depresión, ansiedad y soberbia. Teníamos suficiente tiempo libre para sufrir y automutilarnos, para reír sardónicamente y agredir a los demás, y eso era bueno, estaba bien, muy bien, porque así les mostraríamos quiénes éramos, ningún imbécil se quedaría sin saberlo. Ahí estábamos, éramos únicos. Yo, yo, yo.

Y se hizo la multitud de yoes. Y esa multitud invadió lentamente el mundo que habíamos creado, inflándose sin prisa, empujándose unos a otros y estallando peleas por un espacio propio y personal en el que ser uno mismo. Si había que serlo a costa de los demás, se sería. Si hubiéramos prestado atención por la noche, cuando todo dormía, habríamos oído el leve rumor de las costuras a punto de reventar. Pero bah, éramos demasiado especiales. Preocuparnos por eso habría sido traicionarnos: lo único que importaba éramos nosotros, a lo demás le podían dar por culo. Bárbaros. Cerdos. Así continuamos alimentando la histeria, el odio, esa personalidad mórbida. Y pasó lo que tenía que pasar.

Qué era exactamente es algo que no sé. No lo sé, incluso ahora que ya ha pasado. Sólo sé el estallido. La sangre. El fuego. Los gritos que se convirtieron finalmente en lamentos. Y finalmente el silencio. Oh, el silencio.

No sé qué pasó. Sólo sé que todo se fue a la mierda, que pudimos impedirlo, pero fuimos demasiado arrogantes para hacerlo. Y ahora aquí seguimos, solos. Nadie sabe que existimos. Y todo cuanto fuimos da igual, no hay nadie para verlo. Sólo hay silencio.

Dios, cuánto silencio...

lunes, 26 de abril de 2010

Fe (Lucybell)


Fe
no es cerrar los ojos y a creer
como oveja en su prisión.
Creo en mi propio error.

Fe.
El viento sopla fuerte en tu piel,
de ellos me sostendré.
Creo en mi propio error.

Oh, fe,
córtate las alas y a correr,
nada te va a detener,
no no no no...

Fe
no es ver el camino y seguir
como oveja en su ceguez.
Cree en tu propio error.

Oh, fe,
córtate las alas y a correr,
nada te va a detener,
no no no no...

Oh, fe,
córtate las alas y a correr,
nada te va a detener,
no no no no...

Fe
si es tu arcoiris el que eclipsa el sol.
Fe
si es tu arcoiris el que eclipsa el sol.

Fe.
Dame fe.
Al final...

Fe,
córtate las alas y a correr,
nada te va a detener,
no no no no...


Click and enjoy.

domingo, 18 de abril de 2010

Estampas de adolescencia


Ah, Memoria mía,
inveterada pasión por la tragedia.
Tú eras una muchacha regordeta y jodida
que me odiaba desde el rincón donde odiaba a todo el mundo.
Tus ojos eran más góticos que cualquier horror.
Tus senos atragantados eran el graso ariete de tu existencia.
Tenías el cuerpo hinchado de líquidos,
de veneno y sangre,
de agua y de espanto,
y tu carne brillaba y temblaba
túrgida de misterio
como el fruto de la ciencia y el miedo.
Tenías la letra pequeña entonces
y aunque te faltaban las palabras
agarrabas tantas que se te caían de los brazos.
Llenabas las agendas de niñas llorosas
y sangrante poesía.
Odiabas el gris,
cara de los muertos,
y le rajaste la barriga para verlo manchado de sangre.
Sangre por todas partes.
Tu propio sexo sangraba
y ese perverso licor se enquistaba en tu vientre
y te transformaba en un monstruo,
haciendo que tus deseos fueran odio,
intoxicando tu cálida lujuria.
No habías conocido aún el amor.
Nunca echaré de menos a nadie
más que a esa virgen rabiosa y lúbrica
que aullaba a las puertas del Hades.
Aun intocada parías enloquecidos fantasmas.
Y en tu estómago siempre la flor del vértigo,
los ojos clavados en el abismo.
Nada de lo tan cierto y palpable que existe ahora
es tan real como lo imaginabas entonces.
Ah de la Memoria mía,
¿qué ha sido de tu intensidad arrolladora?
La mujer que nació de tus gritos sonríe a la vida,
pero temo que haya quedado estéril.

martes, 6 de abril de 2010

God save the kidney pudding

¿Qué hay, nenes?

Probablemente no os hayáis dado cuenta pero he vuelto a desaparecer de la red durante unos cuatro o cinco días. Ja, pero soy la maestra de la discreción y no os habéis coscado. Aha. En todo caso, no os preocupéis, estoy bien. Lo cierto es que he estado...



...dando por saco a Her Majesty. Sí, el chaquetón blindado con cabeza flotante soy yo.

En estos días rondando por la capital del imperio he vivido apasionantes aventuras. Como la cancelación del vuelo cuarenta y cinco minutos antes de que saliera por "falta de personal" (esto nos pasa por viajar en low-cost). O llegar a Stansted a las cinco de la mañana con un frío que habría hecho sentirse incómodo al Yeti. O encontrar un autobús que nos sacara del jodío aeropuerto y nos llevara a la otra punta de la ciudad, donde estaba la recepción del hotel (dos horas de camino, nada menos). O entendernos con un taxista pakistaní que conducía del revés. O descubrir que nuestro apartamento estaba a tomar por culo de la recepción y tener que ir andando desde Inverness Terrace hasta Lancaster Gate, con el susodicho frío y las maletas y con papá y mamá maldiciendo a la gran Inglaterra en varios idiomas.

Aunque ninguna de ellas tan tremenda como la difícil misión de vigilar a mi hermana, que perseguía a los chicos ingleses con inesperado tesón. No me preocupaba su honra, me preocupaban ellos.

A pesar de tan arduos inconvenientes, allá por la pérfida Albión hicimos enriquecedores descubrimientos. Conocimos al fálico Ben...


y también nos vimos las caras con la abadía de Westminster, donde mi hermana y yo emulamos a Chandler y Joey de Friends haciendo el monguis con una cámara de vídeo en la cola de entrada.



Y conocí a Boudicca, mi personaje histórico favorito y una de mis heroínas.


También hicimos la típica chorrinada de hacernos la foto con la cabina de teléfonos roja.


Uno de los deportes de riesgo británicos más extremos, empero, es la gastronomía. Creedme, arriesgáis vuestra vida. Podéis ser blandengues y comer en el McDonald's o en el Prêt-à-Manger (sandwiches muy ricos, por cierto), podéis ser listillos y comer en un restaurante japonés o hindú, que los hay mares, pero hasta que no os habéis enfrentado a un plato genuinamente inglés no entraréis del todo en el club de los tipos duros. Porque, seamos sinceros, en un país donde el plato nacional es el pescado frito con patatas fritas, el comensal sabe que tiene ante sí una brutal y sanguinaria carrera de obstáculos. Como el archifamoso steak and kidney pudding, es decir, empanada de filete y riñón, que tuve la oportunidad de paladear en el típico pub-restaurante inglés:


Me da igual cuánto la sirvan en Harry Potter y cuán rica digan que esté, ese pegostre olía a meao. Hacedle caso a la tita Belsan: no os metáis uno de esos en la boca a menos que dispongáis de una buena pinta de Guiness para enjuagárosla después (como bien podéis ver que hice ^^).
Pero como todo no van a ser marranadas, si bien los ingleses no se destacan por tener una cocina típica demasiado sabrosa (ajiem), sí que es cierto que en cuanto a pastelillos y demás delicadezas destinadas a acompañar el té, se lucen. He aquí uno de los mejor descubrimientos de la semana:


Se llaman cupcakes y son como magdalenas (pero más ricas que las pijadas del Starbucks) con un glaseado por encima. A lo mejor los conocéis de alguna peli; creedme, es como masticar un pedacito de cielo. Y hablando de pequeños tentempiés dulces, resulta que los ingleses también saben tocar los huevos en Pascua:



Los de Cadbury hacen unos chocolates buenísimos, pero estos en concreto son una pasada: por dentro tienen un relleno blanco y naranja, como si fueran huevos de verdad. En McDonald's hacen McFlurrys con ellos y todo, eso sí, sólo durante los días de Pascua, luego no los venden. Os imaginaréis en la mochila de quién acabaron la mayoría de los huevos del último stock del kioskero hindú de Tottenham Court Road... Ahora la gente ya no me toma en serio cuando digo que no me vengan con huevadas u.u

Pero no todo es comida, tampoco. Lo cierto es que he vuelto de Londres con algo más que varios pares de calcetines a rayas y una casaca de terciopelo a lo húsar (jodío mercado de Camden). Vuelvo también con un recuerdo imborrable en mi corazón. Sólo os diré cuatro palabras:

WE WILL
WE WILL
ROCK YOU!!

No puedo creer que haya tenido la suerte de ver un musical que lleva más de ocho años en cartelera, en uno de los teatros más antiguos del "little Broadway" de Londres. Y además uno con tanto contenido emotivo para mí como We will rock you. Nunca olvidaré el estruendo de más de dos mil pares de zapatos golpeando el suelo y manos aplaudiendo mientras los bohemians atacaban el "We will...", ni el nudo en la garganta durante el "We are the Champions". Por no hablar del espectacular bis con Bohemian Rhapsody. Qué pasada. Ojalá pudiera ver cosas así todos los días...

Y en resumen muy resumido esas fueron mis andanzas por la capital del imperio. Y por eso desaparecí-aunque-no-os-dierais-cuenta XD
Pero no os sintáis desplazados! Os he traído un regalo:


Gustáis?? ^^

(No me miréis así. Puede que sea una fulana borracha, pero si me insultáis me veré obligada a enseñaros mis calzoncillos con la bandera británica. Y no, no será sexy).

lunes, 29 de marzo de 2010

El lamento de Salomé

Me quitaron la voz, me quitaron los deseos, me prohibieron la lucha, me arrancaron la fuerza, me forzaron la voluntad, me vetaron el poder, me humillaron y odiaron, me enseñaron a no ser nada...

¿Aún piensas condenarme por buscar alguna autoridad ofreciendo mi cuerpo?
Querido mío, ¿no ves que no me queda nada más?

lunes, 8 de marzo de 2010

Haciendo cine (mentalmente)


A veces me cago en todo por no ser James Cameron y no tener un montón indecente de pasta y un millar de productores besándome el culo para financiar mi película. A veces me odio por no saber escribir guión para cine y porque, aunque supiera hacerlo, ni Spielberg ni Amenábar querrían mi trabajo. A veces me mosqueo la mar de mosqueada porque no es justo que yo sea una mindundi que se traga películas malísimas en las que se destroza el argumento hasta que pide piedad llorando, y esos peces gordos vayan por la vida haciendo cine e impactando al espectador. Me enfada muchísimo porque yo, joé, ¡yo tengo unas ideas estupendas! Si fuera ellos, si fuera George Lucas o Peter Jackson o Jerry Bruckheimer (¡ah, caray lo que haría yo con la pasta de Jerry Bruckheimer!), demonios, incluso Chris Columbus si me apuráis, con eso me vale... yo haría cada película...

Haría una película de terror cuya primera escena se situase ocho horas después del inicio de la trama. En una habitación oscura, una cámara al hombro con foco se acercaría a alguien encadenado por las muñecas al techo, llorando y gritando, suplicando por piedad. Los gritos subirían de tono mientras más se acercara la cámara: con el grito culminante un corte brusco mostraría a esa misma persona, sentada en el portal de una casa, alzando la cabeza con curiosidad ante las campanadas de una iglesia que anuncian las cinco de la tarde y levantándose para dirigirse a una cita con un grupo de desconocidos. Un rótulo en la parte baja de la pantalla indica que son ocho horas antes a la escena que acabamos de ver.

O haría una película sobre cuatro adolescentes, una pintora, una escritora, una músico y una actriz, amigas que sólo tienen en común que cada una posee un par de Converse negras. Cada una sigue su propio camino en sus relaciones, sus aspiraciones y sus luchas, dejando entrever que al final acabarán separándose. Durante toda la película aparecerían elementos surrealistas de diferentes colores y texturas que caracterizarían a cada chica: partituras flotando en el aire, ríos de burbujas irisadas surgiendo del pelo de alguien, flores creciendo de la piel, chorros de agua ingrávidos, caminatas en los techos, besos y mordiscos que se vuelven fluorescentes sobre los cuerpos bajo la luz negra. Si tuviera un tráiler, tendría que robar los derechos de la versión extendida de Passion, de Hikaru Utada, pero valdría la pena.

También haría una comedia sobre una pareja que se va a vivir al mismo piso al día siguiente y mientras termina de hacer las cajas de la mudanza, rememora juntos y por separado los diversos momentos de su relación, mostrando una adolescencia y juventud más frikis y menos "sexodrogasyembarazonodeseado" de lo que le gusta ver a la gente. Una escena obligada, sin embargo, sería el famoso "pues nosotros éramos mucho más responsables a esa edad" seguido de una escena de la pareja y sus amigos un par de años más jóvenes riéndose borrachos alrededor de la mesa de un pub heavy lleno de humo, con la cámara girando a lo "That 70's Show", para acabar con algún que otro vómito.

O... me encantaría hacer una serie de anuncios estatales para la televisión. Todos seguirían el mismo esquema: un gótico, un bakala, una chica musulmana y otras personas de aspectos muy diferentes llegan a casa, dejan las llaves, patean los zapatos, van al lavabo, se quitan el maquillaje y los piercings, se deshacen el peinado, se quitan la ropa y se ponen el pijama y las zapatillas, y se sientan a ver la televisión junto a la familia/pareja/compañeros de piso. No tendrían música ambiental, sólo los sonidos de sus acciones cotidianas, con cortes muy bruscos entre escena y escena. El eslogan podría ser "Somos más parecidos de lo que crees" y desde luego estaría financiado por el Ministerio de Concordia Social... allá por el 2500 ^^U

...

Aunque tengo clarísimo que la película que desearía llevar a cabo con todo mi ser sería una espectacular superproducción de historia épica situada durante la transición del emirato al califato en al-Andalus (no sé si os habéis dado cuenta, pero mucho Cid y mucha huevada y entretanto nadie ha hecho una película semejante, y no será por falta de material). La película abarcaría varios años, desde el tiempo anterior al nacimiento de Abd-al-Rahman III hasta su subida al poder y su proclamación como califa independiente del gobierno central de Damasco. Se mostraría la inestable situación en la que se encontraba en aquel entonces al-Andalus, con numerosas guerras civiles, revueltas, protestas sociales, desigualdad, exigencias independentistas, la amenaza cristiana del norte y los vikingos atacando los puertos. Se harían menciones a Abd-al-Rahman I, fundador de la dinastía omeya a la que el protagonista pertenece y que escapó de la masacre de su familia a manos de los abbasíes en Damasco, dando tumbos por el Mediterráneo para acabar estableciéndose como emir de al-Andalus; tal vez el joven Abd-al-Rahman se sienta identificado con él o busque en el fundador de su familia un ejemplo a seguir, tal vez no. Necesitaría un actor que fuera tal y como han pintado los cronistas de la época al califa: un hombre recio y ancho, pálido, con pelo teñido de oscuro y ojos azules, y un poco bajito. También tendría que ser un actor capaz de interpretar a un hombre culto, caprichoso, apasionado, valiente, un tanto decadente y lascivo, muy inteligente y buen diplomático, pero al mismo tiempo terriblemente cruel y violento: un gran político que pacificaría al-Ándalus después de siglos de luchas civiles y la llevaría a ser el mayor foco de cultura de Occidente, y al mismo tiempo un monstruo capaz de horrendas atrocidades y atormentado por fantasmas inconfesables.

Sin embargo, la película habría de contar con un buen rosario de personajes interesantes: concubinas de diverso origen, mozárabes, muladíes, judíos, intelectuales, artistas, comerciantes, obreros, embajadores, labriegos, soldados y un largo etcétera que pintarían los distintos colores de la Córdoba medieval. La verdadera protagonista sería la ciudad precalifal y la fotografía, el vestuario, la banda sonora y otros tantos detalles deberían ayudar a que los espectadores se acercaran a la ciudad, la olieran, la tocaran, tuvieran la sensación de estar visitándola, haciendo que la sintieran cercana, dándoles la certeza de que en verdad existió esa Córdoba grandiosa.

Y desde luego lo mejor sería el inicio de la película: comenzaría con un mapa de la península ibérica en la época del emirato, enfocado con un filtro sepia y polvoriento (a lo Gladiator) mientras letras doradas aparecen en la pantalla narrando la situación actual en la ciudad en la que estamos a punto de sumergirnos, enumerando las diversas batallas en las que está sumida Córdoba. "En el año 299 de la Hégira, año 912 de la era cristiana, al-Andalus se halla sumida en el caos... [aquí insertamos una concisa explicación sobre la inestabilidad social, el nacimiento de Abd-al-Rahman y el asesinato de su padre el infante Muhammad por su propio hermanastro al-Mutarrif, su estricta y solitaria infancia dedicado al estudio, las tensiones políticas fruto de la rebeliones tanto musulmanas como cristianas, las intrigas palatinas alrededor de la sucesión, etc etc]. Las gentes de Al-Andalus necesitan algo más que un héroe advenedizo... necesita un líder que las una".

Y ¡zas! inmediatamente el mapa fundiría a negro y la cámara se trasladaría a los campos circundantes a Córdoba, donde algunos labradores y arrieros trabajan; la cámara, moviéndose rápidamente y oscilando como si el portador corriera, atraviesa los campos, cruza el Guadalquivir, recorre los arrabales en un instante y se cuela en la ciudad a través de una de sus puertas principales. La actividad bulliciosa de un día de mercado medieval recibe a los espectadores: comerciantes que gritan, vendedores anunciando sus productos, niños descalzos jugando, nubes irisadas de especias, el brillo de los metales y el cristal, el arcoiris de las telas. De fondo una pieza musical con base de percusión acompañado con cuerdas y vientos (¿alguien me echa una mano para secuestrar a Eduardo Paniagua?) al estilo del opening de la serie "Roma", pero con carácter andalusí. Las mujeres gritan desde las ventanas, la cámara brinca sobre los techos y asalta los patios floridos con fuentes chispeantes; un rabino camina por una tortuosa y concurrida calle; los judíos acuden a la sinagoga y los cristianos a la iglesia, y la cámara atraviesa como una flecha ambas edificaciones siguiendo itinerarios simétricos; un niño salta en un charco en la calle y el agua salta, el viento sopla y trae consigo pétalos sueltos de azahar que se cuelan en el enorme patio de la mezquita, plagado de zapatos de los fieles; el muezzin hace la llamada desde el alminar, los orantes se inclinan sobre las esterillas y la brisa cargada de pétalos blancos y relucientes gotas de rocío asciende por el enjoyado mihrab sobre el Quran; la cámara sigue corriendo y escapa de la mezquita dando vueltas mientras escala por la ciudad: la judería, los baños, los barrios más ricos, la medina; finalmente nuestra vista despega para ir a cruzarse con el sol y deslumbrar a la cámara; hay un fundido en negro y unas grandes letras arabescas en dorado trazan elegantemente el título de la película: Fitna (o tal vez Qurtuba).

(un momento, la autora jadea extasiada)

Ains... Ojalá, ojalá fuera James Cameron.


Vale, ya sé que llevo casi un mes sin dar señales de vida. Si tuviera lectores fieles, estarían agonizando por obtener un pequeño trocito de mí a través de mis actualizaciones, pero como no los tengo, supongo que os estaréis preguntando qué demonios me ha pasado. Nada en realidad, Fallas y un poco bastante de perrería por acabar este post, que por si no os habéis dado cuenta es la leche de largo (cough). No, de momento la editorial no ha dado señales de vida ^^U. Pero yo lo sigo intentando.
Por cierto, ¿creéis que debería ponerle Creative Commons al blog? No me gustaría que apareciera Alejandro Amenábar y me chorizara las ideas. Entraría en modo berserker y no sería bonito.

lunes, 22 de febrero de 2010

Del Infierno a la Tierra, pasando por el Cielo


-Me siento raro -comentó Alain con la vista al frente.

-Yo también. Creo que es por ti -dijo Gadiel, y Alain giró la cabeza para mirarlo-. Quiero decir... antes, desde que me desterraron, a pesar de estar aquí condenado, seguía sintiéndome un demonio, mal que me pesara. Pero hace poco me di cuenta de que ya no lo era, de que nunca más lo sería. He cambiado mucho. Y entonces apareciste tú, y te he tenido a mi alrededor todo este tiempo, y eso ha cambiado todavía más mi percepción de mí mismo. Creo que me parezco más a ti que a ellos.

Gadiel calló, y Alain, sobrecogido, giró sobre su costado para estar más cómodo.

-Tienes razón. Creo que yo también me siento así. Hay cosas que ya no veo de la misma manera -Gadiel arqueó el brazo izquierdo y se rascó la cabeza. Quizá, sólo quizá, había estado a punto de pasárselo por los hombros a Alain.

-Gadiel, ¿nunca te has preguntado dónde estarán los otros que son como nosotros?

-¿Quiénes?

-Los otros desterrados. Deben de haber más, ¿no? Siempre se habla de los traidores en plural. Y... aunque yo no les recuerdo bien ahora, sé que algunos antes que yo fueron castigados. ¿Dónde estarán?

-Posiblemente en el otro culo del mundo -replicó Gadiel encogiéndose de hombros-. La Tierra es muy grande y tiene sitios de sobra para colocar a un puñado de gilipollas lo suficientemente aislados.

-¿Gilipollas? -sonrió Alain.

-Eso es lo que somos, ¿no? -el otro sonrió también-. Al menos yo me sentí así cuando me desterraron.

-¿Qué... -Alain vaciló antes de continuar-... qué pasó? ¿Por qué?



La semana que viene cumplo veinte años. Hace lo que parece una eternidad, cuando era una quinceañera frustrada, asocial, enamoradiza y cachonda, empecé una pequeña historia con un ángel negro y un demonio blanco como protagonistas, pensando probablemente en subirla a Amor Yaoi como fic original. Pero lo cierto es que la cosa se desmandó de mala manera: la historia empezó a crecer y a desarrollar unos larguísimos dedos que se metían en mis asuntos y no me dejaban descansar. Hoy, tras casi cinco años de parones indeterminados y de épocas de fertilidad desbocada, tengo en mis manos una novela que ha pasado de ser un hormonal romance para adolescentes y una rebelión contra el maniqueísmo de la literatura fantástica, a un resumen de muchos de mis principios frente a la vida y una historia de Amor y Unidad que ha marcado una época para mí. Ahora que por fin he terminado (en cierto modo, ya sabéis que las historias no se acaban nunca), y a la espera de que los críticos de la AEN me destripen malamente por mi indefinible e infumable mamotreto, me siento un poco triste. Ya no seguiré de cerca a Gadiel y Alain en sus correrías enmedio de una terrible guerra inferno-celestial. Sin embargo, también me alegro. Sé que esos dos siempre estarán conmigo a partir de ahora. Y lo mejor de todo, siempre me recordarán que una quinceañera frustrada, asocial, enamoradiza y cachonda puede crecer y conseguir lo que deseaba y creía que nunca alcanzaría. Es sólo cosa de tener fe, y encontrar la fuerza y la capacidad que todos llevamos dentro. Y de eso (creo ^^U) va Lux et Umbra. Próximamente en FNAC, Corte Inglés y las mejores librerías (en mi imaginación, claro).

miércoles, 10 de febrero de 2010

Criatura hermosa

César era un hermoso extraño por aquel entonces,
como lo son todos los jóvenes al borde del abismo.
César era aún un niño,
pero había un hombre que se asomaba
en los bordes de la piel
en la campana de su voz
y en las manos nerviosas
que parecían querer agarrar la vida para no caerse.
Ojos claros y pelo oscuro
y un extraño temblor de miedo;
César tenía el mundo entero
pero aún no lo sabía.
Vivía rodeado de adolescentes mariposas
que en su frívolo vuelo en busca de crueles bellezas
no veían la flor que crecía en su corazón.

César, César, bello emperador,
¡sólo yo, marcada por viejas batallas,
podía amarte!
Sólo yo, que me veía reflejada en ti,
lo sabía.
Y todos los días tiraba piedras al horizonte
para que fueras a buscarlas
y vieras en el camino los horrores y maravillas de la Tierra;
hice para ti alas con las hojas de mis libros
y calzadas con la ciencia de mi frente...

Pero todos los días yo me marchaba
y dejaba a César siendo un príncipe,
augusto en su soledad
y hambriento de la vida que vendría.
Criatura hermosa,
niño en el eje del caos,
enorme tesoro...